VIVIR EN NUEVA YORK

10 de noviembre de 2015

He pasado las últimas 4 semanas viviendo en Nueva York (¡¡!!). No puedo creer que ya esté de vuelta… No quería llamarlo “vacaciones” porque el viaje ha sido por trabajo, no ocio, pero he podido disfrutar de mi tiempo libre en el que me he divertido haciendo de turista. Descubrí la ciudad en mi única compañía: hice las cosas más típicas, visité los lugares más famosos e incluso compré algunos souvenirs para la familia. Estas líneas son la conclusión esperada de un divertido viaje a Nueva York (¿quién no lo disfrutaría?), pero quiero ir un poco más allá y hablar sobre sentimientos…

Cuatro semanas caminando por las calles de Manhattan ha sido mucho tiempo para poder respirar inspiración. Mirase donde mirase, siempre encontraba algo interesante, raro, cool o al menos curioso hasta el punto que a veces me sentía abrumada. El iPhone ha sido una extensión de mi mano, siempre a punto para fotografiar todos estos pequeños momentos. Encontré belleza en las calles grises (y en ocasiones sucias), en la impresión que causan los rascacielos y en el gran desastre que es el tráfico de la Gran Manzana. Encontré belleza en los humeantes carritos de pretzels y en el antiquísimo metro. Incluso encontré belleza en la incoherencia de los neoyorquinos. No me sentí una extranjera ni por un segundo: todo el mundo es de algún otro lugar. Es más, me sentí como una más, arropada por su carácter acogedor. Pero, a menos que sean interrumpidos, la gente camina absolutamente inmersa en su mundo (llámalo smpartphone), casi inconsciente de lo que sucede a su alrededor. Velocidad de crucero. La parte buena de esto es que nunca he sentido esa mirada de juicio que es tan tristemente frecuente en España. ¡Me sentía libre! Para nada estoy bajo ningún tipo de presión aquí, pero siempre sienta bien sentirse un poco más uno mismo.

Ahora estoy de vuelta en (la realidad) Barcelona, rodeada de los míos y lista para empezar de nuevo con la rutina pero en un nuevo yo. Un yo con las cosas más claras y más maduro, o al menos así es como me siento. Salir de la zona de confort requiere ser valiente… creo que es uno de los retos más grandes que una persona puede afrontar por propia voluntad. La verdad es que nunca me ha dado miedo salir de la mía, me encanta un reto. La experiencia me ha enseñado que a veces puede ser difícil pero siempre tiene un lado positivo y reluciente. Estoy segura de que todas las personas que se atreven a ir más allá de su zona de confort recibe una bonita recompensa para el resto de su vida. Y un mes en Nueva York ha sido una muy grande y gratificante.

 

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Me encantará saber qué te ha parecido!

A._

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